Pale Ale

La Pale Ale es uno de los estilos más antiguos e influyentes de la historia cervecera. Nació en Inglaterra en el siglo XVIII gracias al desarrollo de las maltas más claras (gracias a los hornos de coque) y supuso una revolución frente a las cervezas oscuras dominantes hasta entonces. Bajo el paraguas de Pale Ale conviven hoy escuelas muy distintas: la inglesa más maltosa y equilibrada, la americana (APA) con lúpulos cítricos y modernas reinterpretaciones de todo el mundo.

En copa muestra un color que va del dorado claro al ámbar suave, con espuma cremosa color crema y buena retención. En nariz dominan los aromas de malta (galleta, caramelo, pan tostado) acompañados de notas florales, herbales, frutales o cítricas según los lúpulos empleados. En boca es de cuerpo medio, con dulzor maltoso bien equilibrado, amargor moderado (25-45 IBU), carbonatación viva y un final relativamente seco e invitante. La graduación habitual se mueve entre 4,5 % y 5,5 %, lo que la convierte en una cerveza muy sesionable pese a su carácter pleno.

Se elabora con maltas pale ale y algunas maltas crystal o caramelo para aportar color y matices, lúpulos ingleses tradicionales (Fuggle, Goldings) en la versión británica o americanos (Cascade, Centennial) en la versión americana, y levaduras ale que aportan ligeros ésteres frutales.

Es una cerveza extremadamente versátil a mesa: marida con hamburguesas, carnes a la brasa, pollo, pizzas, pastas, quesos curados o platos especiados. Se sirve entre 8 °C y 10 °C en vaso pinta o copa tulipa. Un estilo que ningún aficionado a la cerveza puede dejar de probar.